Este rincón de la ciudad ha sido testigo de múltiples transformaciones a lo largo del tiempo. Sus orígenes se remontan a la época de la Conquista de Chile, cuando era un conjunto de chacras y solares, donde funcionaba un molino y se producía vino, entre otras actividades agrícolas. Fue en 1857, con la construcción de la Iglesia de la Veracruz, presente hasta hoy, que se inició su despliegue como Barrio propiamente tal, primero con modestas viviendas de adobe, para posteriormente subdividirse en predios apreciados por algunos aristócratas, quienes comenzaron a construir a su alrededor imponentes casas y palacetes; algunos de ellos aún se mantienen en pie, a pesar de los terremotos y de los intereses inmobiliarios, lo cual permite al visitante trasladarse al pasado, al admirar cada detalle de estas edificaciones.
Con el crecimiento de la ciudad, a mediados del siglo XX el sector comienza a tener cierto movimiento comercial y un incipiente impulso artístico cultural, gracias a la llegada de emblemáticos exponentes, como la Compañía de Teatro Ictus, el escritor Enrique Lafourcade o el arquitecto y pintor Nemesio Antúnez – director del Museo Nacional de Bellas Artes en dos períodos – por mencionar a algunos que establecieron sus residencias y/o talleres en la zona.